Thursday, May 10, 2007

Decisiones Difíciles

Decisiones Difíciles
Por Damian Goldvarg

Todos estamos tomando decisiones continuamente. Desde la ropa que nos ponemos por la mañana, lo que comemos para almorzar, hasta lo que vamos a ver por la televisión. Algunas decisiones son automáticas y no requieren de mucha reflexión. Pero hay decisiones que pueden ser más difíciles porque implican a otras personas o pueden tener consecuencias duraderas. Es decir, que hay decisiones que van a afectar a otros y con las que vamos a tener que vivir, a veces, por el resto de nuestras vidas. Esas decisiones no se pueden tomar ligeramente. Requieren una evaluación cuidadosa. En esos momentos es cuándo podemos encontrar dificultad para pensar claramente porque nuestras emociones pueden estar haciendo cortocircuito. Nuestros sentimientos muchas veces no nos permiten identificar claramente las consecuencias de estas decisiones. Por ejemplo, el miedo puede ser un gran enemigo en los momentos de tomar decisiones importantes. Un poco de miedo es necesario. Si hacemos elecciones fríamente y no tomamos en cuenta como afectará a otras personas, podemos llegar a perder relaciones que valoramos. En ciertos momentos perder estas relaciones es lo necesario para alcanzar nuestros objetivos o quizás sean relaciones de las que necesitamos tomar distancia. Pero otras veces no es le caso. El miedo también puede ayudarnos a adelantarnos y prever las posibles consecuencias negativas de nuestra decisión. Pero si el miedo nos paraliza y no nos dejar tomar la decisión que necesitamos hacer, el resultado puede ser que perdamos oportunidades importantes para nosotros u otros. A veces el miedo es ridículo. Por miedo no nos acercamos a hablar con alguien que no conocemos o pedir algo que necesitamos. Por miedo a lo desconocido podemos quedarnos en trabajos que no nos satisfacen o en relaciones que no son saludables. Es importante darse cuenta que no tomar una decisión, es una decisión en sí misma. Es decir, si decidimos no hacer nada y quedarnos en nuestro trabajo, seguir viviendo en un lugar que no nos gusta, o seguir una amistad con personas que no comparten nuestros valores, entonces estamos decidiendo no tomar una decisión. Eso no es bueno ni es malo. En la vida no hay garantías de nada. Hay algunas preguntas que pueden ayudarnos en estos momentos: ¿Hay algo en nuestra vida incompleto, que no hemos terminado y que nos gustaría completarlo? ¿Qué es lo que realmente queremos? ¿Qué necesitamos hacer para lograrlo? ¿Estamos conformes con nuestras vidas o nos contentamos solamente con lo que tenemos?¿Estamos prorrogando una decisión por mucho tiempo porque estamos paralizados por el miedo? Muchas personas prefieren postergar la decisión para el futuro y no se dan cuenta que ese futuro nunca llega. Si necesitas tomar una decisión difícil hay algunas cosas que puedes tener en cuenta: identifica una persona que consideres que tiene la información o experiencia de vida necesaria para aconsejarte. Tus amigos puede que sean o no los mejores consejeros. Al final de cuentas, tú eres el que va a vivir con la decisión, así que debe ser solo tuya, pero otras personas te pueden ayudar no a tomar la decisión pero a ver otras posibles perspectivas. La mejor ayuda que puedes pedir no es la opinión sobre que decisión debes de tomar, pero ideas que te ayuden a tí a tomarla. Otras perspectivas, otros ángulos, otras posibilidades que quizás no habías tenido en cuenta. Segundo, evalúa los “pro” y los “contra”. En una hoja de papel escribe todas las ventajas y desventajas de cada decisión. Sigue un razonamiento usando la lógica. El verlo escrito ayuda a clarificar y pensar más efectivamente. Tercero, evalúa diferentes escenarios. Es decir, reflexiona sobre las posibles consecuencias de cada decisión. Cierra los ojos y visualízate a ti viviendo las consecuencias de cada decisión. En este caso en vez de enfocarte en la lógica y las razones, te enfocarás en una perspectiva global que incluye a las emociones. Cuarto, hazte la pregunta, ¿Qué es lo peor que puede pasar? Cuando tengas la respuesta, vuélvete a hacer la pregunta y haz lo mismo varias veces. Al final, probablemente, te darás cuenta que la peor de todas las consecuencias quizás no es tan mala como te lo imaginabas. Finalmente, cuando tengas que tomar una decisión recuerda que toda elección implica ganar algo y perder algo. Siempre hay que elegir hacer o no hacer algo. Si lo que vas a perder es muy importante para ti y es mayor que la ganancia, entonces quizás lo mejor es mantener el “status quo” (dejar las cosas como están). De una manera u otra, tomar decisiones difíciles no debe de hacerse a la ligera. Encuentra un momento para caminar por la playa o el parque o en el gimnasio para reflexionar y busca apoyo emocional si es necesario. A veces, nos arrepentimos de las decisiones que tomamos. Somos humanos y eso es parte de estar vivos. El poder aprender de esas experiencias es lo que nos permite no cometer los mismos errores en el futuro.

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